Asistentes al debate, con la palabra lista para el argumento y la réplica.
El tapanco del bar Tarragona esta noche se convirtió en un híbrido continente capaz de albergar la elevación espiritual de una capilla gótica; de detonar reacciones en cadena a manera de un acelerador de partículas en un laboratorio universitario, y de alentar al Esperanto que fluye a través de la energía de la palabra poética, uniendo así lo innombrable a la experiencia cotidiana. Noche de debate en que Ciencia, religión y poesía se dan la mano y la cuchillada por la espalda para encontrar sus contravientos y fluyentes, en el ejercicio de pensar.
En el púlpito se discuten la palabra Enrique Legorreta (ensayista, corrector de estilo, poeta y ajedrecista) y Víctor M Muñoz (editor de la hoja Metáfora, poeta, militante comprometido de las causas populares y blusero), moderados por el obispo laico Andres Cardo.
Entre los debatientes del público, Adriana Tafoya, y otros escuchas.
El público va acomodándose en sus sillas. El escenario ahora da un giro de 180 grados para centrar en una esquina a los ponentes y dejar abierto, de espaldas a las escaleras, al público participativo que escucha el debate propuesto para noctambulear.
Un espontáneo que había oído que se iba a leer poesía esa noche llevaba preparada su declaración de amor en verso y con ella abrió la sesión. Osiris, su nombre. Ante el éxtasis de la novia, retomó la palabra el editor, quien planteó su primera pregunta:
¿Qué tanta conexión hay entre la religión y la poesía?
Las ideas, los conceptos, las referencias históricas tomadas al azar casi, por el maestro Legorreta, plantearon una atmósfera general que permitieron, en un primer intento, delimitar los alcances de la pregunta. En esa misma búsqueda de asideros, Víctor M Muñoz distinguió tres grandes etapas para su estudio, clasificándolos de la siguiente manera: 1) de la creencia, 2) de la experiencia mística y 3) de la religión como sistema de administrar la fe (el rito). Al cabo de decires y supuestos –que hasta ese momento nadie del público rebatió- se llegó a la conclusión de que religión no es poesía. (¿?)
La referencia a La perfecta casada de Fray Luis de León, acotada por Víctor quiso explicar el control que la institución religiosa ha ejercido sobre el pensamiento a través de los siglos, mas no por ello restringía la poesía.
Víctor M Muñoz se mostró crítico respecto al poder ejercido por la "religión" sobre el acto creativo.
Al parecer esta primera pregunta empezó a carburar el motor epistemológico de los ponentes mientras se allegaban nuevos comensales, entre los que se reconoció al poeta Homenic Fuentes, quien proyectaba esa noche cierta parsimonia sospechosa, poco común en él. Se sentó junto al redactor de estas líneas y evitó el pan con mantequilla. Escuchó, tomó nota y guardó silencio. También se incorporó en la mesa, junto al enorme ventilador apostado en la esquina, Miguel Tonatiuh, y su acompañante. Para seguir con la enunciación de los asistentes, sobre esa línea de mesas pegada a la pared estaban también la poeta Daniela Camacho, acompañada del aparentemente sobrio y contrito Manuel Becerra. Hacia el barandal una pareja de darketos aparentaban no participar en la escucha, pero no pudieron evitar que los temas planteados por VersodestierrO se filtraran en su íntima conversación. Pegadito a la mesa de honor el poeta Juan Carlos Mosqueira, festejando la adquisición de un nuevo lote de libros para vender, daba gusto al paladar y domaba al hígado con esencia de uva destilada.
Retomó el micrófono el abad de galeras y soltó el siguiente reto:
¿Se trasmina una ideología religiosa en las lenguas derivadas del latín?
Quisiera saber si estas preguntas están elaboradas con la intensión de ser replanteadas, evadidas o ignoradas por los panelistas, ya sea de manera formal o subrepticiamente, como suele pasar. Ante una pregunta que postula un supuesto no hay más que tomarla como punto de referencia para continuar uno con su discurso. Y eso fue lo que hicieron también los entrevistados.
Enrique Legorreta argumentó el lenguaje, incluso, como una composición del poder desde el cetro religioso.
Legorreta insistió en la función del arte –especialmente de la poesía- como revelador de lo invisible. Y fue pretexto para que Muñoz esquemáticamente separara la polaridad entre idealismo y materialismo y diera al primero la cualidad de religioso y al segundo de científico. A esa altura de la noche, ya había que definir definir, delimitar, constreñir un área de estudio tan inmensa como la propuesta, como lo apuntara optimistamente uno de los asistentes, maestro de epistemología en la Universidad: el tema es filosófico.
Atendiendo a la pregunta se hizo referencia a los grandes del Siglo de Oro para demostrar que sí, a pesar de que existía una gran influencia ideológico religiosa en poetas como Garcilazo de la Vega y Lope de Vega, no obstó para desarrollar una forma impecable de poesía que transmitiera belleza, equilibrio y muchos otros valores, amén de que estos estuvieran de acuerdo a la ideología predominante en la época.
Posteriormente, queriendo no descobijar a la ciencia como invitada a la mesa, se exploró someramente el intento de los surrealistas, cubistas, futuristas y estridentistas quienes hicieron un gran esfuerzo por llevar a la poesía un lenguaje industrial, científico y técnico que abrió nuevas posibilidades de expresión y de relación con el entorno cotidiano para incorporarlo al lenguaje, crear metáforas chirriantes y generar un una nueva poética donde la ciencia constituyera el eje principal. Desafortunadamente, no se abordó el tema con la profundidad que merecía y sospecho que incluso, porque en varias ocasiones se mencionó desde la mesa de debate que “nadie escribiría un poema sobre un CD” que habría que revisar mucho más a fondo el cómo sí hay experimentos y la poesía puede nombrar lo innombrable incluso acerca de la maquinaria más burda.
Preguntas que podrían dar pie a bizantinismos insufribles, si no se enmarcan dentro de un contexto práctico, como no se hizo esa noche, imantaron comentarios de lo más diverso y digresivos. Desde su esquina, Mosqueira, diletante de tristes talleres de poesía en donde ha encontrado la mano del diablo castrante de libertad, expuso sus puntos de vista sobre la iglesia y despepitó contra los “retrógrados inocentes, víctimas de mentes perversas que coartan la libertad de pensamiento a partir de represiones morales”.
El domador de ilusiones preguntó: ¿Cuál es el motivo para afianzarse a esa religiosidad?
Para contestar esta pregunta fue necesario recurrir al funeral de dios, a Nietzche, y pasear por la agonía Teresiana. Más tarde se abordó la poesía mística y vinieron a cuento El Ajedrez metafísico de Borges, el poema de los dados eternos de César Vallejo y atisbos sobre la emergente física cuántica. Contexto en el cual Andres Cardo homologó la experiencia antípoda de la poesía y la matemática con el siguiente aforismo: “Para que un matemático sea perfecto, tiene que ser poeta”. Y viceversa, replanteó en la mesa.
Felipe Gaytán, al fondo, León Carlo y José Manuel Ruiz Regil, al frente, durante la charla.
La noche sudaba cansancio en ese tapanco de la diversidad. La complejidad de temas a veces asfixiante, sugería replantear un nuevo orden de ideas. Mas la intensión estaba clara. El moderador no estaba dispuesto a soltar el hilo de la "herejía" y asestó su penúltima pregunta:
¿Qué tan necesaria es la palabra dios en el vocabulario?
A partir de esta pregunta, por alguna extraña razón, la conversación viró hacia el erotismo en la poesía. Como que los ponentes lejos de ceñirse a responder las preguntas las tomaban como punto de partida para expresar sus inquietudes, en una especie de cuento de los fenicios donde cada quien acaba hablando de lo que sabe, nada más. Lo mismo el invitado que el moderador quien pareció agarrarla contra el concepto de dios y elaborar una última pregunta que contenía todas las complicaciones que se habían evitado en las anteriores:
¿Destruir la palabra dios daría oportunidad de cambiar el arte de la palabra y sucitar así otra forma de "seguridad"?
Ante semejante aseveración disfrazada no quedó más que elaborar sobre la relatividad que todo lo permea, y la inexistencia del absoluto. La charla podía seguir. Debía seguir. Pero el tiempo y el cansancio evocaron la prudencia, y se dio fin a este ejercicio de discusión. Entre el público se sintió la inquietud de mayor profundidad en los comentarios, de una especie de gran introducción, quizás, hasta de una necesidad de replantear el debate en dos grandes temas. A saber: Ciencia y poesía / Religión y poesía.
Resultó bastante ambicioso pretender abarcarlo todo en esa noche. Sin embargo, las ideas hicieron lo suyo: construir senderos –a veces laberínticos- por donde transitar hacia la verdad.
El fondo pictórico del maestro Felipe Gaytán, insistí también en la continuación del debate post debate, ya que, como siempre pasa, cuando termina la sesión oficial, inician las preguntas, inquietudes y discrepancias que nutren el espacio de discusión más allá de la organización que decanta conclusiones e ilumina senderos.
La posibilidad de crear, de innovar y reinventarse siempre está presente en las charlas organizadas por los editores de VersodestierrO.
La cofradía de los coyotes, rúbrica lúbrica y sexosa
Por José Manuel Ruiz Regil
En la foto, de izquierda a derecha, Oswaldo, Sergio García Díaz, Alberto Vargas, Juan Manuel Dávila, Lucero Balcázar y Gala Toimil.
Vigoroso maratón de intimidades compartidas, secreciones verbales consistentes con el manifiesto colectivo que ratifica, entre otros principios que entreveran la cachondería, la irreverencia y el desmadre, que : “Pepe el toro es inocente”. Y quien no lo crea que vaya y ch…. (en latín). -Sergio García Díaz Dixit.
Manada literaria proveniente del Estado de México preocupada por trabajar en la construcción de una Asociación de casas del poeta. En ella aparece, entre la diversidad concluyente de cánidos de la palabra un Alfa dominante, pornógrafo apelado Alberto Vargas, quien a través de su poesía directa, cruda y procaz demuestra que en todos los extremos existe la belleza. Reivindica la escatología erótica para transformar la acción en un acto poético sublime. “Mueve el culo para que alcances la eternidad”-recita. Habita el cuerpo transmutador de ordinariez y su genitalidad mántica que convierte la carroña cotidiana en moradas de placer expiatorio. Su calend(t)ario repasa los meses del año brindando imágenes que superan la lubricidad habitable de cualquier taller mecánico.
“El elefante” de Eduardo H. González llora hacia adentro. Es el símbolo de la resignación; un viaje interior en busca del otro donde únicamente se halla desolación. Sintaxis paquiderma que llora y recuerda todo desde el principio del tiempo.
Con el cuento “La penitencia” el autor revisita un estilo costumbrista cuya temática aún sigue vigente: la contraposición entre el deseo y la culpa. Con un retrato del habla campesina, el autor explora el cinismo y la melindrosidad del deseo que sin miramientos socio-culturales o de fe invade al animal humano.
Con su poema “Vértigo”, Julio Huertas explora la sensación de la caída. Promesa no cumplida, mas sugerida al final del poema. “Desapareceré en el último paso al precipicio”. En otro texto vaticina: “No habrá más versos esta noche, el viento agoniza”. ¿Forma etérea de nombrar la inspiración? Y en otra de sus participaciones, en un poema narrativo, recupera la fugacidad del amor traspasado. “ En mi cuerpo tu amor viaja cual cuchillo”.
Jesús García Chávez con su voz tímida, arrellanada en los retruécanos vegetales de los elementos, materializa ballenas, el mar, la selva, nombra “camaleón al vuelo” al ave Fénix. En cada vuelta su recurrencia a las imágenes marinas es una afirmación erótica en clave de zoo, que desafortunadamente su deficiente lectura y acentuación del español coloquial hacen que el impacto de sus versos disminuya.
Sugerencia peregrina: Habría que habitar, público y poetas, el espacio del sonido que está implícito en el ritual de la palabra, ¿no creen? Poesía en voz alta es conjuro, y no puede diluirse, negarse o pretender que no sucedió cancelando el hechizo verbal con un tímido “gracias” al final de cada invocación, como si de un concurso de aficionados se tratara. Un gesto, una mirada, una pausa que permita al sonido impregnar los muros. De por sí que el aplauso necesario derriba el edificio más sólido.
Juan Manuel Dávila descubre las estructuras anatómicas cual frutos ya no prohibidos, sino permitidos, y en un rosario de lugares comunes, que en otro tiempo fueran reveladores, repasa el cuerpo femenino degustando del durazno y la papaya; de la uva y orgasmo. Erotismo convencional bien logrado en su forma que se integra al colectivo, contrapunteando el ímpetu de los que no se conforman con mostrar lo que se esconde, ni cantarlo desde el balcón de lo ya dicho.
La imagen polimorfa del artista plástico Felipe Gaytán esta noche no se rasga las vestiduras, sino la piel. Ahora el autorretrato del artista encarna la iconografía del dios deshollado, Xipe-Totec, quien en un arranque moralista se parte la cabeza en dos: hombre-mujer. Escisión de los contrarios complementarios.
La voz femenina emerge habitada y habitable con la poesía de Lucero Balcazar, quien no esconde su impronta cubana, ni le teme al strip tease emocional. Y para eso nada mejor que la poesía anticonceptiva. Para gozo de sus fans despliega magia de “zapatillas rojas”. Y yo me pregunto: ¿Dónde la voz de la mujer emancipada? Se necesita valor para confesarse aún subyugada al amor, al cuerpo, al otro, sobretodo si hombre. Pero ella goza libremente a su poeta en DEDOS de DOS. Lo nocturniza como Villaurrutia a las palabras. Mas su voz no quema dura. Ella afirma: Estreno tu cuerpo. Pregunta: ¿Es tren o tu cuerpo? Se pasea por el Kama Sutra de la retórica poética para encabalgar sus versos sobre las piernas y llenarse de retruécanos eyaculadores. Pero luego recula y dice: “No. Porque no quiero tener amante ni celular que me ladre”.
La secunda Leticia Luna, invitada especial de cofrades, y en ese tenor receta la pócima de amor, confiando efectos afrodisíacos a los ingredientes que la conforman. La expectativa del gozo, el deleite de la espera, el ejercicio de ser fatal cuando se está rendida hace eco y resuena en las líneas féminas de esta mesa. Reconocida por su notoria trayectoria internacional, la poeta despliega el oficio de la lectura en voz alta. Mas, ¿Acaso es tal la recurrencia en la lectura de sus versos que las palabras han perdido singularidad en un engolado tono que vibra igual el estrépito que el gozo carnal?
El público –otros poetas en su mayoría- se caldea. Quiere seguir oyendo. Pero han pasado 9 poetas ya. El que no con los calzones en la mano, con su juguete sexual listo para compartirlo, esgrimiendo el miembro de una poesía lujuriosa, intimista, que a cualquiera devela sus secretos más erectos.
Leida García Lagunas no es ajena a la intención, más su voz, quizás un poco más púdica se instala en la reflexión, en el pensamiento llevado a ensayo, captando la atención de sólo algunos que pueden dejar atrás la estridencia de una nomenclatura genital insuficiente para derramar éxtasis tan públicos.
Al término de la sesión no queda más que hacerle los honores al vino especial que ha traído Marvaz, y dejar que su calor ilumine el sendero por donde habrá de transitar la noche. ¡Salud!
De izquierda a derecha: Indira Broca, Dalí Corona, Iván Medina e Itzel Munguía.
El goteo de la noche permite a la espuma de la cerveza caer lenta sobre la mesa. La mesa de poetas está equilibrada. Tres de los poetas pertenecen a la década de los 80. El otro esta noche vino a profanar cadáveres. Itzel Munguía, Iván Medina, que esta noche presenta un par de cuentos; Dalí Corona todavía con olor a mar, todavía con los pies sobre el puerto de Acapulco, y para cerrar la noche, desde Villahermosa, Tabasco, Indira Broca.
Arranca Itzel Munguía con un par de poemas breves, de mezcla edulcorada y una pizca de pimienta. Algo triste, con un ritmo que frágil suma letras para llenar una página, media página. El oficio de Itzel ha mejorado, y consigue que los poemas logren esa consistencia que tienen las pinturas base; algo espesas, pero blancas: una forma de poema base donde ahora tendrá que verter el color, el destello, o un cuartito de negro aceitado para envejecer el amarillo olivo.
Iván Medina Castro trae consigo su libro Saqueador de tumbas, del cual nos comparte un par de cuentos, de los cuales el que lleva el nombre del libro es el que más se queda en la mente, por el tema tórrido del amante desmedido de cadáveres; el amante involuntario, en principio, y luego premeditado amoroso de los muertos. El tratamiento del cuento es corto, a veces falto de detalles, aunque siempre con el acierto de mantener al lector atento del nuevo “error” de este personaje que ha perdido el decoro de la higiene sexual. Al final, quizá, nos deja con la expectativa de una violencia más atroz sobre el sino de tan trágico amante.
El tercero de la mesa es un seguro y certero Dalí Corona, que gusta de enfatizar las palabras cuando lee, logrando el efecto deseado sobre el espectador que atento disfruta su lectura. El humor y la emotividad que unen al camarada en una noche llena de alcohol y música, de reguetón y sonora dinamita, todo esto bajo el código y consigna grecolatino de los hombres que se dan la mano para transmitirse el mensaje secreto de que aunque bailados en la noche queden, el sol sigue su curso. Todo esto dentro del Bar Arcelia, allá en la zona roja de Acapulco. Al final cuánto vale, qué fondo monetario podría llenar la caja fuerte de este pecho de acero: “Disfrazada de fichera/un feroz corcel/atravesó la pista/Quedo, a mi oído, dijo/que por una cantidad ridícula/podría quitarme la cara de asesino. /Que alguien por favor/detenga esta masacre”. Un buen sorbo de cerveza ayuda a entender mejor estos poemas.
Para cerrar, Indira Broca, con un tono que baila con globos y serpentinas, orgasmos fríos y senos tibios. Un transitar por la casa de infancia poblada de adultos cansados y llenos de miedo. Una poesía que es fotografía instantánea del mundo debajo de la mesa a las tres de tarde cuando toda la familia se come un pollo rostizado. “Mis padres se violentan con sus sexos mientras jugamos a las canicas”, dice, y no falta quien sonría al recordar los segundos valiosos para darse un beso cuando los hijos te dejan y no están interponiendose en medio. Después deja que fluya el magma hasta que el volcán chorrea toda su lava, para luego volverse piedra.
Me parezco al que lleva el ladrillo consigopara mostrar al mundo su casa Bertolt Brecht
I
Te miro y no eres tú extraño la leche las galletas nuestras horas aferrados al televisor
Senos tibios Luna de agosto
Mensajes ocultos para el cereal de trigo donde nos comemos la infancia
II
La oscuridad nos grita y los perros ladran su calor
Mis padres se violentan con los sexos mientras jugamos a las canicas Hueles a noche a manzanas pudriéndose a complicidad absurda
Eres como el duende que vive en el almendro agita tu sonaja voy a ti Me pierdo en los arbustos de tu vida
III
Es la hora del cansancio los niños sueñan con eternos domingos las viejas lloran desde sus mecedoras Huele a peces muertos a vejigas que estallan Tus fantasmas como dolores de parto los árboles y sus frutos prohibidos nuestros padres hacen el silencio
IV
Voy por calles sin destino entre humo intoxicado y gemidos sin orgasmo Fantasma de mis noches Despierta Los ojos no giran mas desorbitados pues no hay ojos sólo cuencas por donde la luz no pasa
V
Algo me recuerda a ti El vaso con agua El periódico de ayer Los globos sin dueño
Duele saber que sobrevives y dormir con la ausencia abrazada a mi cabello
Vivo para regresar contigo Mi vientre sangra tu recuerdo que se pierde con los días de mi laberíntica memoria
En la mesa de noche falta un retrato
VI
Fumo juegos de palabras para no escuchar mi soledad El flaco perdón de dios no me reconforta Es la noche de todas las noches embriagada en mi silencio
VII
Luna de mediodía esplendor de una estrella muerta las ganas las arterias
Cosas tangibles para imágenes incomprendidas Seres que callan la noche de sus cuerpos
VIII
Son las tardes de junio en que buscas almacenes albercas escondites para no toparte con el calor
Y dónde queda la luz Acaso en el fogueo de la pantalla del televisor o en la estufa donde cocinas la tarde
IX
Mira la oscuridad de tu silencio tus ojos buscando la ceguera mientras demonios sujetan mis cabellos
Déjame No me dejes
Eres la suerte que nunca tendré la promesa del paraíso en manos de un ateo
X
No soy madre para hombres sin crianza ni sé olvidar presagios o conjurar amarres victoriosos
Los niños buenos llegan a casa antes del amanecer
Seré el fantasma de tus padres la puerta hacia el exilio
Sin embargo te busco con luna en mano Mientras las otras luces siguen dormidas Mientras mi insomnio te llame
XI
La pausa es el mundo en la elipsis ante un concierto de gotas saladas
El pasado que ya no está sigue haciendo ruido desde el estéreo
XII
Odio al odio con la fuerza de los desencontrados
La idea del mundo es la duda del naufrago ante el mar como remedio para su sed
Esta vida son las noches luces colmadas de gritos samba y rumba bolos y boleros como la vida que el mundo ofrece prefabricada y benzoato de sodio como conservador XIII
Esta ausencia que convoco no es más que el frío inexistente del trópico Los dibujos grisáceos de mi ciudad El resplandor de un muerto en la calle principal del fraccionamiento Los momentos en que escribo Las horas sentada frente a una taza de café
Son las pinturas del mundo y se dibujan con la mirada
XIV
La ciudad me atormenta con sus llantos sin boca Siempre húmeda de sabores rancios Devora a los que no tienen plata y escupe a quienes sueñan de día
Los colores se trastocan hacia lo infinito con la soberbia de los paseantes
La recorro a pie por falta de ruedas sin más tonos que los que me pinto en las tardes
Después de años siguen hacia el nítido perfecto
XV
Vuelvo al corazón de esta ciudad muerta con sus ángeles ciegos a la deriva Es la rutina mordiendo el alma el camino entre restos de la gente que hoy no son sino fantasmas
XVI
Destapa falsedades Acecha por la ventana diez veces al día para que no se roben las plantas de tu jardín Mira al cielo etiqueta las nubes Juega con las hormigas Antes que ella a ti trágate una Piensa en tus padres si no quieres hacer el amor Grita blasfemias corre al confesionario Miente al diablo y no te olvides de mentirle a Dios
* La he visto entre el tumulto bailando en un extremo de la pista. Menelao, habituado a su belleza, empina la botella dando sendos tragos. En su embriaguez, no distingue la canción que la orquesta toca, baila al compás del reguetón cuando lo que suena es la Sonora Dinamita. Ciertamente algo pasa, tú bebes demasiado y temo que te largues del Arcelia con aquél de la camisa guinda. Temo, sí, que vuelvas con la boca llena de salitre y dispuesta a terminar con la cerveza. Pobre, dirá la camarera que hace rato no deja de mirarme; cada que acerca una cubeta deja pegado a mi un poco de su lástima. Espera, supongo, que el Menelao en turno no haga mucha bronca porque asedio a su muchacha.
* Aquiles ebrio lanza retador eructos; me mira, apura el trago. De sus ojos mana toda la furia acapulqueña que no termina cuando la orquesta calla. Sabe que la gloria espera fiel si puede derribarme antes que Marquines lo descubra.
*
Por su puesto, Malcom Lowry se emborrachó dentro de la casa de Juan. Y no es de sorprender que a este bar poblado de tritones no volviera. La rocola, no tiene discos de Pedro Infante.
* Indignada la tripulación amenaza con amotinarse si ella no es devuelta al Bar Arcelia. Pero mi amor me dice que bien la pena vale arriesgar la vida de mis hombres por doscientos pesos en su blusa.
*
Hemos caminado largo rato a un lado de la costa sin encontrar refugio para el hambre. Por fin, detrás de una cortina, muy cerca de la Zona, entre mujeres que bailan anunciando el costo de la muerte, hallamos alimento para que la noche dure, hallamos el prófugo amor que tantas veces se negó a nosotros. ¿Será que aquí hasta los perros olvidan su carroña?
*
No temo al afilado verbo que de su lengua mane. Tampoco a la jauría de perros que la cuidan de mis larvas. Temo más al borde, a su delgado filo, temo si, a su cintura.
}
*
Esta ciudad no fue erigida en una sóla noche. Para sus muros se hicieron traer de mucho más allá de la costa bloques de piedra calcinada por los años. Se hizo crecer entre sus calles jardines de ortigas y tinieblas. Todo para que yo, pudiera habitarla por las noches.
*
Hace cuatro tragos miro al vendaval que baila encima de cuerpos hoscos y morenos. Siento arder su remolino incluso a la distancia. Sé que me preparan una treta.
*
Amanece casi. Busco mi amor en el fondo de la tasa y del beso de Elena no reconozco ni un atisbo. Estoy pensando en llamar a mis guardianes, estoy pensando en tocar la retirada.
*
Disfrazada de fichera un feroz corcel atravesó la pista. Quedo, a mi oído, dijo que por una cantidad ridícula podría quitarme la cara de asesino. Que alguien por favor detenga esta masacre.
*
Caminarás, Elena, a estas horas del brazo de cualquiera que si haya tenido en sus bolsillos lo suficiente para pagar tu borrachera. Caminarás a un lado de la costa, besarás al tipo y le dirás igual que a mi que no hay en el mundo hombre más hermoso. Pero de nada servirán tus trucos amatorios contra el poeta pachuqueño que tu ficha pagó de a veinticinco. De nada servirán ahora que le he quitado la cartera.
De izquierda a derecha: Leticia Luna, Estrella del Valle, Yamir Castilla, Óscar Sobal e Isolda Dosamantes.
Por Andres Cardo
Para Miguel Tonathiu; por lo que no hizo.
La noche pinta para enchilarse los dedos. Una velada con poesía y música desde Jalapa, e incluso desde los Ángeles, California, EU. La mesa la integran los poetas veracruzanos Óscar Sobal Cruz, Yamir Castilla, Estrella Del Valle (quien vino de Los Ángeles) y en la música Aníbal Fily Hernández Sosa; la poeta tlaxcalteca Isolda Dosamantes y para cerrar la mesa Leticia Luna. Noche de reencuentro en el marco de la página, en una sala de lectura en medio del atrio de esta casa llena de libros que es Donceles 66.
Arranca la mesa con Isolda Dosamantes que despliega una parte de su “Abanico” de colores y poemas, después de su regreso de China, donde radicó durante tres años. Poesía hecha con sutiles trazos que figuran letras. Ventanas que dejan entrever emociones de nostalgia, quizá un poco los kilómetros, otro tanto la cultura amurallada de los chinos. El manejo del oficio natural que Isolda ejerce nos lleva a disfrutar de unos poemas de figuración táctil, y al mismo tiempo nos deja una tenue marca de alcohol en la muñeca izquierda de la mano.
El segundo de la mesa es Óscar Sobal, quien radicó un tiempo en San Francisco, y nos trasporta al choque interracial, al sofoco en una sociedad rígida, demarcada por lenguajes marginales, consignas de protestas bilingües que apenas son un puente entre dos idiomas; dos formas de mundo que como ojos de araña, apenas componen una pequeña parte de la compleja imagen global de ese mundo. Cerró con un poema que todos recordarán en las mañanas cuando las panaderías sin abrir sus puertas llamen a la comunidad a comprar un recién salido pan del horno.
Yamir Castilla sacó a relucir sus cualidades histriónicas: su capacidad para declamar, recordar un poema y masticarlo, dejarlo caer sobre la mesa del público. Su trabajo tiene el zurcido necesario para consolidar piezas formales, firmes, no de fácil ruptura. Sólidas, aunque un tanto tirándole a trajes sastres. Lúcido con la lectura: certero con las palabras y la consolidación de los poemas.
En su turno Estrella del Valle dejó en claro que no se puede vivir tranquilamente en la casa de nadie, cuando un cuchillo es la posibilidad de cobrar viejas venganzas. El arma de la palabra como un ultimátum para el que se atreva a amenazar, o tan sólo dejar entrever que algo sucio se trae entre manos. Aquí, en su sangrienta comida, en su desgranado y sucio mantel, incendia el despojo de los puercos que día a día intentan hacer la vida compleja con simples palabras vulgares. Los coloca en la caldera y luego prende el cerillo.
Para cerrar la noche, Leticia Luna leyó algunos clásicos. Las hijas de la luna, quizá por este reencuentro no tan frecuente, y también aquel del graffiti sobre el conejo, sobre el ojo blanco, sobre la luz obscura, sobre esa materia opaca que enciende en la noche para mostrarnos que la poesía es un rayo invisible para quien ignora que las palabras están hechas de carne y hueso.
Con broche de música, Fily llenó el sitio con la armonía de su poesía en voz de una guitarra rítimica y armónica.
Este espacio se generó para el encuentro constante de poetas. Incluye diversas propuestas poéticas existentes en México. Con más de 300 poetas a lo largo del año 2007 y 2008 VersodestierrO recorre distintos centros culturales y cafés de la colonia Roma para acercar la poesía al lector potencial y también al ávido especializado escucha. Continúa en este 2008, integrando a la poesía, su crítica.
Bienvenidos
Adriano Rémura
Se abre convocatoria Adversario en el cuadriláterO 2008
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a los poetas: Eduardo Ribé, Janis Alatriste, Estrella del Valle y Víctor M Muñoz. 20 horas. Bistrot 61. Álvaro Obregón 61, casi esquina con Mérida. Col. Roma. Metro Insurgentes.
12 de noviembre
ÚltimosMiércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a los poetas: Juan Carlos H. Vera, Teresa Irazaba, Alfonso Guillén, Lucero Balcázar y Nataly Montiel. 20 horas. Bistrot 61. Álvaro Obregón 61, casi esquina con Mérida. Col. Roma. Metro Insurgentes. Entrada Libre.
19 de noviembre
VersodestierrO invita a los últimosy maratónicos miércoles de poesía con los poetas Teresa Guarneros, Fausto Alzati, Angelica Enciso, Alejandro de Ferrari, Arturo Alvar, Marlene Passini, entre otros.20 horas. Café Bistrot, Álvaro Obregón 61, casi esquina Mérida. Col. Roma. Metro Insurgentes. Entrada libre.
26 de noviembre
VersodestierrO invita a losúltimos y maratónicos miércoles de poesía con los poetas María Elena Solórzano, Federico Corral Vallejo, Adriana Tafoya, Ivan Leroy, Alfredo Aldama, José Luis Oliva, Will Rodríguez y Gonzalo Martré, entre otros. 20 horas. Café Bistrot 61, Álvaro Obregón 61, casi esquina Mérida. Col. Roma. Metro Insurgentes. Entrada libre.
3 de diciembre
VersodestierrO invita al último y maratónico miércoles de poesía con los poetas Iliana Garma, Porfirio García Trejo, Bárbara Oaxaca, Norma Bazúa, Leopoldo Ayala, Ricardo Bernal, Leticia Luna, Mario Meléndez, Gonzalo Martré, Andrés Cisneros de la Cruz y Dionicio Morales. Modera: Adriana Tafoya. 20 horas. Lugar por confirmar. Vino de honor. Entrada libre.
Semanas anteriores
3 de septiembre
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a losganadores del Concurso de Poesía El Laberinto: Homenic Fuentes, Guillermo Santana, Ian Soriano, Esthepani Granda Lamadrid y de Tabasco: Lorenzo Morales y Pedro Luis. 20 horas. Hexen Café.Tonalá 162.Entre Aguascalientes y Tlaxcala.Col. Roma. Metro Centro Médico. Entrada libre.
10 de septiembre
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a los poetas: Rubén Darío Lotero, Álvaro Domínguez y Víctor León. 20 horas. Librería La Palabreta.Córdoba esquina Álvaro Obregón.Col. Roma. Metro Insurgentes. Entrada libre.
17 de septiembre
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta lectura especial "300 años de poesía": Enrique González Rojo, Roberto López Moreno, Norma Bazúa y Max Rojas. 20 horas. Donceles 66. Donceles 66. Col. Centro. Metro Allende.Entrada libre.
24 de septiembre
Miércoles Itinerantes de Crítica y Poesía.Versodestierro presenta debate: Política y Poesía. Con Alejandro Martínez Lira, Víctor M Muñoz, y Horacio Romero. 20 horas. Salón de Vinos Tarragona.Álvaro Obregón 172, casi esquina Tonalá.Col. Roma. Metro Insurgentes. Entrada libre.
16 de julio
Miércoles Itinerantes de Crítica y Poesía. Versodestierro.20 horas. Presenta debate crítico. Tema: los premios de poesía. Participan: Harel Farfán, Hugo Garduño y Arturo Alvar. En La Palabreta. Álvaro Obregón, esquina Córdoba. Col. Roma. Metro Insurgentes y Niños Héroes. Entrada libre.
30 de julio
Miércoles Itinerantes de Poesía. Versodestierro. 20 horas. Presenta lectura de Rebeca Mingo, Enrique Falcón y Ramsés Salanueva. En Café Bistrot. Álvaro Obregón 61.Col. Roma. Metro Insurgentes y Niños Héroes. Entrada libre.
6 de agosto
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a los ganadores de Adversario en el cuadriláterO: Mario Dux Castel, Manuel Becera, Gustavo Alatorre. 20 horas. Hexen Café.Tonalá 162.Entre Aguascalientes y Tlaxcala.Col. Roma. Metro Centro Médico. Entrada libre.
13 de agosto
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a lospoetas: Karina Falcón, Javier Calatrava, Susana Reyes y Sergio Loo. 20 horas. Café Bistrot. Álvaro Obregón 61.Casi esquina Mérida. Col. Roma.Metro Insurgentes y Niños Héroes.Entrada libre.
27 de agosto
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a los poetas: Itzel Dayan Casaña, José Luis de Gante, Iván Medina y Juan Leyva. 20 horas. Librería La Palabreta.Córdoba esquina Álvaro Obregón.Col. Roma. Metro Insurgentes. Entrada libre
1 de octubre
Miércoles Itinerantes de Poesía y Crítica.Versodestierro presenta: Juan Manuel Dávila, Javier Moro, Inés Parra y Juan Carlos Ramírez Mosqueira. 20 horas. Librería de poesía La Palabreta, Álvaro Obregón esquina Córdoba. Metro Insurgentes. Entrada libre.
8 de octubre
Miércoles Itinerantes de Poesía y Crítica.Versodestierro presenta: Blanca Roth, Pedro Carpintero y Omar Ortiz. 20 horas. Café Bistrot. Álvaro Obregón 61. Col. Roma. Metro Insurgentes.
15 de octubre
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a los poetas: María Cruz, Max Rojas y José Cedeño. 20 horas. Café Bistrot. Álvaro Obregón 61. Col. Roma. Metro Insurgentes.
22 de octubre
Miércoles Itinerantes de Crítica y Poesía. Versodestierro presenta a: José Ignacio Gutiérrez, Julia Barnet y Andres Cardo. Tema: La autogestión. Modera Adriana Tafoya. 20 horas. Tarragona. Álvaro Obregón 172. Col. Roma. Metro Insurgentes.
29 de octubre
Miércoles Itinerantes de Poesía.Versodestierro presenta a los poetas: Pedro Emiliano, Eric Marváz, Hugo Garduño y José Manuel Ruiz Regil. 20 horas. La Palabreta. Álvaro Obregón esquina con Córdoba. Col. Roma. Metro Insurgentes.
Andres Cardo, Adriana Tafoya, Ricardo Bernal, Doris Camarena
Tres momentos del escucha
Alguien atento
Carlos López junto al ventanal
Alguien fotografía
Los palabracaidistas
Soriano, Dux, Ribé, Córdova, Tafoya, Cisneros, Khonde y Mercado. Un grupo de poetas gritones.
Los que atraviesan la puerta
El poeta Jesús Cárdenas
Contraluz.
Eloy Rodríguez del Faro de Oriente y Santana.
Ricardo Issac, Miguel, Cano y Regil.
La poesía rejuvenece
Niños amantes de la poesía
Ana Pizarro entre el público
El pintor Víctor Carbajal durante la lectura
Preocupados por la lectura
Mario Meléndez al inicio de la velada
Asistentes a la función nocturna
Ibet Cazáres, Adriana Tafoya y la hermana de Jaffet
Ian Soriano, Jaffet, Eduardo Osorio, Ricardo Bernal, Doris Camarena e Ibet
Ibet Cázares
Jaffet y Adriana Tafoya
Dos escuchas en medio de la poesía
Manuel Ruiz Regil, en un palomazo
Diego Velázquez Betancourt y su novia
Israel Soberanes y Karina Falcón al frente
Escuchas críticos
Poetas atentos al debate
Víctor M y Adriana Tafoya
Homenic Fuentes toma apunte. Al fondo Tonatihu Mercado
Nuevo público
Asiduo lector de Verso Destierro
Agustín Morales Carvalo y Azul
Asistentes invisibles y visibles
Raúl Sosa corriendo
Naima durante la lectura
Algunos asistentes
Asistentes al debate
Lecumberri disfrutando la "poyética"
Crítica atenta de poesía
Homenic Fuentes (el de rojo) armando su reseña. Adriana Tafoya y Ali Fernández.
Viciosos de la poesía
Dos amantes de la poesía
Alejandra Peart y Ribé, de la revista Atemporia
Marconio con fondo blanco
Ian Soriano, Mario Dux y Eduardo Ribé
Arturo Huerta
Durante su intervención
Fondo pictórico
Gaytán con Sor Juana
Ávido público
Familia Fuentes
Leticia Luna durante la lectura
Azul atenta a la poesía
Mardonio Carballo
Alejandro Martínez Lira analiza
La poeta Isolda Dosamantes
El apreciable
Los poetas Jesús Bartolo y Claudina Domingo
José Francisco Zapata medita durante la lectura
Bartolo, otra vez.
Más escuchas
Rojo Córdova disfruta la lectura
El pintor Felipe Gaytán
Concentrado en la lectura
Moderador de Hexen Café
Hugo de Mendoza
El respetable
Ali Fernández y la Bella Samanta
Poetas y escuchas
Max Rojas, José Manuel Arruñada, Alejandro Zenteno y Carlos Ramírez Mosqueira
Adriana Tafoya y Max Rojas
Al fondo: Andrés Márquez y Berenice Granados
Mercedes Alvarado en su lectura
Teresa Irazaba, Víctor M Muñoz y Marco Fonz
Víctor M Muñoz durante la lectura
Visita de Ivan Leroy
Escuchas de la poesía
Poetas que han participado
Ricardo Isaac Rodrigo Castillo Martín Dupá Blanca Roth Eric Uribares Leticia Luna Isolda Dosamantes Euridice Román de Dios Alejandro Arzumanian Ángel Carlos Sánchez Alfredo Giles Díaz Carlos Pineda Blanca Sam Anuar Zúñiga Irving Ricardo José Luis Barrera Manuel Dávila Galindo Marlene Vigoritto Juan José Medina Erika Jussepe Tonathiu Mercado Francisco Goñi Rocío Cerón Javier Mardel José Miguel Lecumberri Samia Badillo Mario Cruz Guillermo Córdova Manuel Cuautle Ulises Paniagua Luis Alanís Sergio San Sebastián Marconio Patricia Lara Guillermo Vega Zaragoza Ulises Vidal Itzel Munguía Pablo Esquinca Natalia González Gottdiener Mario Meléndez Mónica González Velázquez Alejandro Martínez Lira Juan Pablo Murillo Alberto Roblest Jade Castellanos Robertha Mayer Daniel Valdez Cordova Manuel Martínez Minerva Aguilar Daniel Saldaña Thalía Garahid García Víctor Alfredo Bustamante Manuel de Jesús Jiménez Yaxkin Melchy Luis Ramaggio Marcos Daniel Aguilar María Eugenia Rodríguez Gaitán Rebeca Mingo Claudia Posadas Adán Medellín Ana Nieblas Gabriel Bolongaro Juan Guzmán Pavón José Manuel Ruiz Regil Víctor M Muñoz Miguel Tonathiu Hugo Garduño Fernando Salazar Max Rojas Rafael Molina Jocelyn Pantoja Estrella del Valle Carlos López Daniela Camacho Ariadna Vázques Guadalupe Galván Flor Aguilera Conny Roque Roberto Ramos El tigre famélico Raúl Sosa Iliana Godoy Sergio Loo Arturo Alvar Adriana Tafoya Enrique González Rojo Roberto López Moreno Juan Carlos Castrillón José Manuel Arruñada Pedro Rodríguez Bárbara Oaxaca María Vázquez Valdez Óscar de Pablo Arturo Terán Miguel Ángel Arenas Mario Dux Ruin Andrade Eloy Castañeda Edel Juárez Carlos Vargas Guevara Mario Ramírez Mónica Suárez Óscar Escoffié José Luis de Gante Jorge Pérez Escamilla Fausto Alzati Hugo de Mendoza David Zamora Balam Rodrigo Jesús Cárdenas Homenic Fuentes Rosario G. Towns Pablo Romay Gunter Rojas Gema Santamaría Mardonio Carballo Jorge Vázquez Lobsang Castañeda Paulina Vértiz Daniela Bojórquez Federico Vite Andrés Márquez Berenice Granados Jaime Ortiz Manuel Mancera Ricardo Escartín Alicia Lozano Mascarúa Andrés Cisneros de la Cruz Luis Caballero Mercedes Alvarado Ismael Rivera Refugio Pereida Alejandra Castro David Baltazar Karina Falcón Javier Gaytán Teresa Irazaba Tanya de Fonz Manuel Becerra Marco Fonz de Tanya David Puente Inés Parra Máximo Leyton Jaime Coello Alonso Lenin Gustavo Alatorre entre otros.
Poesía emergente y contemporánea
Verso Destierro
Centro, DF, Mexico
Espacio para el libre tránsito de la poesía, las propuestas poéticas y el conflicto.